La interrupción del flujo de crudo kazajo a través del oleoducto Druzhba ha obligado a PCK Raffinerie GmbH a activar nuevas estrategias de abastecimiento energético para garantizar el suministro de combustible en el noreste de Alemania y evitar afectaciones mayores al mercado europeo.

Desde el 1 de mayo de 2026 dejó de llegar petróleo procedente de Kazajistán por la infraestructura controlada desde Rusia, una situación que Rosneft atribuyó oficialmente a “razones técnicas”. Sin embargo, el contexto geopolítico y las tensiones derivadas de la guerra en Ucrania mantienen la presión sobre el sector energético europeo.

La refinería ubicada en Schwedt procesaba mensualmente unas 200 mil toneladas de crudo kazajo, volumen que representaba cerca del 20% de su producción total. Ante este escenario, el Gobierno alemán y los accionistas de PCK buscan alternativas logísticas y comerciales para mantener operativa la planta.

Durante una visita a las instalaciones, la ministra de Economía de Alemania, Katherina Reiche, confirmó que Berlín mantiene conversaciones con socios polacos para ampliar el suministro a través del puerto de Gdansk, desde donde existe un oleoducto con capacidad disponible hacia Alemania.

Paralelamente, también avanza el proyecto para modernizar el antiguo oleoducto entre Rostock y Schwedt, aunque la iniciativa requiere autorizaciones de la Unión Europea y obras de adaptación portuaria para recibir buques petroleros de mayor tamaño.

A pesar de la incertidumbre, el gobierno alemán sostiene que el suministro de queroseno está asegurado en el corto plazo. Según la Oficina Federal de Economía y Control de Exportaciones (BAFA), Alemania dispone de reservas suficientes para cubrir los próximos cinco meses, aunque advierte que la situación podría verse afectada por factores internacionales como el bloqueo del estrecho de Ormuz o posibles interrupciones en la producción del Golfo Pérsico.

El contexto también ha acelerado los planes de transición energética dentro de PCK. Dos compañías desarrollan actualmente una planta para producir queroseno “verde” a partir de hidrógeno y dióxido de carbono, con inicio de operaciones previsto para 2030. El proyecto contempla inversiones cercanas a los 500 millones de euros y busca alinearse con las nuevas exigencias europeas de combustibles sostenibles para aviación.

No obstante, uno de los principales obstáculos continúa siendo la estructura accionarial de la refinería. Rosneft mantiene todavía el 54% de participación en PCK, pese a que el Gobierno alemán asumió la administración fiduciaria de sus activos tras las sanciones impuestas a Moscú en 2022.

La presencia rusa ha complicado tanto el acceso a financiamiento europeo como la cooperación energética con Polonia, país que durante años evitó colaborar con instalaciones vinculadas a capital ruso.

El debate político también ha escalado dentro de Alemania. Ines Schwerdtner acusó al presidente ruso Vladimir Putin de utilizar el suministro energético como herramienta de presión geopolítica y pidió la nacionalización total de la refinería para garantizar la seguridad energética del país.

Por ahora, el gobierno alemán descarta intervenir directamente en la propiedad de la planta, aunque reconoce que la crisis ha puesto nuevamente sobre la mesa la vulnerabilidad energética europea frente a los conflictos internacionales.

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